Libro de Arena
Login

Reflexiones

Vivir y escribir, escribir y vivir, todo es uno y lo mismo.

Orgullo vs humildad

No estoy seguro de poder explicar con toda claridad y de manera concisa mi afición por las dualidades. Es como una intuición de que algo interesante esconden, como reto que me lleva a querer resolverlas. En esta ocasión, podría haber escrito como título “humildad y autoestima”, en el sentido de que pueden ir de la mano, que son sumables y no contradictorios cuando se profundiza un poco en lo que realmente expresan. Pero, como no soy ajeno a la necesidad de los títulos llamativos, con gancho, y demás tretas periodísticas, he optado por presentar el tema como un enfrentamiento de dualidades: el orgullo contra la humildad, la prepotencia contra la falta de autoestima. Resolvamos el conflicto, intentémoslo al menos.

Veamos, el orgullo es un exceso de autoestima -digámoslo así- que a fuerza de quererse uno tanto se llega a olvidar que también existen los demás. Tampoco será muy recomendable ir más allá en la humildad, pues un exceso de ella nos puede conducir a ser sumiso e indeciso, hasta el punto de perder uno su norte, su criterio propio o incluso su voluntad, lo cual es un fuerte obstáculo para muchos logros personales, por la falta de fe en uno mismo que todo ello arrastra.

Y una vez más invocamos las sabias palabras del Buda: “el camino del medio, el camino del medio”. Siempre se impone la enseñanza del camino del medio como el idóneo, el que nos permite transitar la vida de la manera más plena posible, danzando en el difícil equilibrio, o mejor dicho, en la armonía de las dualidades, sobre “el filo de la navaja”.

Autoestima sí, orgullo prepotente no, humildad sí, ser timorato y sumiso no, claro que no.

Autoestima para atreverse a ser quien somos; humildad para no valorarnos más de lo que nos corresponde. Autoestima y cierto orgullo para defender con pasión lo que creemos defendible y justo. Humildad para profundizar en todo lo que sabemos y abrir nuestra mente y corazón a nuevas enseñanzas y posibilidades.

Cuando el orgullo y la humildad van de la mano… ahí camina un sabio.

Tendencias que cambian el mundo

Tendencias, lo que se dice tendencias, hay muchas y para todos los gustos, pero entiendo que no todas ayudan o empujan hacia un mundo mejor, y cuando digo mejor no me refiero a los avances tecnológicos, o a una vida llena de productos para consumir, innecesarios muchas veces, ni a una beatitud de bondad generalizada por obra y gracia del gurú de turno.

Me refiero más a bien a un mundo de hombres conscientes, despiertos a sus cualidades como persona, conectados con el mundo que les rodea, con la naturaleza, siendo responsables de su vida más allá de ideologías, capaces de ser feliz haciendo lo que les gusta hacer sin por ello dañar a nadie ni a nada. En fin, las cualidades de ese mundo mejor serían muchas como para enumerarlas todas, pero las nombradas son suficientes para saber por dónde va mi idea (y seguro que la de otros muchos) de “un mundo mejor”.

Pues con esta idea empecé mi andadura en un portal modesto que, poco a poco, va cogiendo altura y al que os invito sin duda alguna. La sección que llevo se llama “Nuevas Tendencias”, y escribo con mayor seriedad que en este blog, pero sin perder de vista aquellos temas que siempre me han interesado, y con un lenguaje apto para todo el mundo. Estoy convencido de que se puede abordar cualquier tema, por profundo que sea, con un estilo sencillo, claro y elegante, o al menos eso intento.

Mi último artículo en ese portal, EstamosEn.es, trata sobre la “Importancia de la Autoestima”. Espero que esta nueva línea de escritura os agrade, y aporte tantas cosas útiles e interesantes como pueda hacerlo el blog. Quizá por eso, y porque la Universidad me tiene “raptado”, es que últimamente escribo menos en “Reflexiones”. Pero no puedo hacer más, es lo que hay. De todas formas me gusta compartir mis experiencias y “hallazgos” interesantes, por lo que algún que otro post caerá de vez en cuando, y posiblemente más meditado, de mejor calidad.

No está mal cambiar cantidad por calidad, eso me consuela, me resta remordimientos, o como diría un psicólogo social: aminora la disfunción cognitiva.

www.blascubells.com

Educación para Ser, o No Ser

En estos términos, pero con otras palabras, se plantea, en la asignatura de Didáctica General, las tensiones existentes en la educación. De un lado tenemos el ideal de llegar a ser hombre-sujeto (el ser), y del otro el lastre de ser hombre-objeto (el no ser). Resulta muy importante entender estas dos líneas de acción-comportamiento, pues en su comprensión están las claves para elegir qué tipo de educación, y con ello el estilo de vida, preferimos para nuestros hijos y por extensión para nosotros mismos (dentro de lo posible), nuestra familia, amigos y la sociedad.

Para mejor entendernos, hombres-objeto somos todos, quizá con algunos toques de hombre-sujeto, pero en una medida tan pequeña que apenas se nota. Somos hombre-objeto cuando aprendemos las lecciones de memoria para repetirlas en un examen (pues eso que memorizamos es un objeto); lo somos cuando seguimos una moda, más o menos duradera, de cualquier tipo (pues la moda nos viene dada como un objeto que adoptamos); lo somos cuando nos empeñamos en querer tener razón sin estar abiertos a otras posibilidades (pues nos aferramos a un esquema hecho semejante a un objeto); lo somos cuando… Creo que con esto es suficiente.

Y somos hombre-sujeto cuando, cuando, cuando… ¿Cuándo? Pues en los momentos de “debilidad” en que aceptamos humildemente que no sabemos la verdad de absolutamente (o casi) nada, cuando nos aceptamos como personas en crecimiento libres de prejuicios, capaces de relativizar sobre lo que se nos vende como necesario o cierto, para así descubrir en nosotros mismos lo que de verdad nos preocupa e importa haciendo un ejercicio de sinceridad. Eso no nos hará aprobar exámenes, pero sí descubrir para qué diantres hemos venido al mundo y canalizarnos en él desde lo que somos, desde el sujeto, desde el ser.

Le queda a la didáctica, y a los educadores, un largo y arduo camino. Pero sin duda alguna, vale la pena recorrerlo, y recorrerlo bien.

www.blascubells.com

Meter la gamba

La verdad es que entre mi trabajo, recuperarme de la dichosa hepatitis que me deja sin fuerzas antes de tiempo, y el comienzo de mis andanzas en la Universidad con todo lo que conlleva de lecturas y trabajos con fecha tope, me queda muy poco tiempo y espacio para la reflexión, por ello, y como no puedo vencer esos obstáculos, lo que haré será unirme a ellos y destilar mis reflexiones desde esos ámbitos, desde las experiencias que me procuran. Allá va la primera.

En la asignatura de Psicología Social y de las Organizaciones, suena algo rimbombante, lo sé, una de las cosas que estudiamos es la forma en que percibimos, e interpretamos, las cosas que nos rodean y ocurren, y he aquí que el abanico de las meteduras de gamba, es decir, las maneras en que falseamos la realidad, nos la creemos y actuamos en consecuencia, son múltiples y variadas, y están debidamente estudiadas por los psicólogos sociales. Ya veis, alguien se preocupa por estudiar nuestras meteduras de pata para luego enseñarlas en la Universidad.

Pero claro, no dicen “Clasificación de las diferentes maneras de meter la gamba”, no, que va, eso sería demasiado popular y poco científico, prefieren decir “Taxonomía de las percepciones atributivas de causalidad” para que vayamos corriendo al diccionario y así ampliar vocabulario. Bueno, fuera de bromas, pues yo agradezco que me inciten a ampliar vocablos (pero sin perder el contacto con la realidad del lenguaje, ojo), esa denominación lleva en sí misma aquello de lo que habla, me explico.

Se refiere (y conste que explicar esto ya es hacer labor de Educador Social) a la percepción que tenemos de un hecho, o conducta, a la cual atribuimos una causa, pues necesitamos conocer el porqué suceden los hechos, llegando a suponer o inventar esas causas con tal de no quedarnos en la incertidumbre. Y hasta tal punto llega que podemos distorsionar la realidad exagerándola o encogiéndola en función de nuestras expectativas (algo que incide en la atribución), negativas si tuvimos malas experiencias pasadas, o positivas en caso contrario. Imaginad, o detectad en vuestra propia vida, los múltiples ejemplos que nos salpican por todas partes.

Las meteduras de gamba están servidas.

www.blascubells.com

Sobre el valor de los ideales

Desde que tengo uso de razón creo haber sido idealista, es decir, he creído en un mundo mejor, el cual tenía unas características muy concretas, por lo tanto la realidad en la que vivía debía asemejarse al modelo, o al ideal que mi interior alimentaba, en parte gracias a las lecturas, también a las experiencias, y enseñanzas, que iba atesorando y asimilando.

En ese idealismo he vivido durante muchísimos años, hasta que me di cuenta que esa actitud falseaba lo que la propia vida en realidad me mostraba, a eso hay que añadir, entre otras muchas lecturas, la tremenda reprimenda de Nietzsche a todo lo que sea creencia religiosa, filosófica o científica, pues eso siempre es un condicionante para la verdadera y genuina expresión de la naturaleza humana. También podemos añadir las enseñanzas de un Krishnamurti cuando dice “La verdad es una tierra sin caminos”, arremetiendo contra todo concepto que pretenda suplantar a “la verdad”. Y por nombrar a alguien contemporáneo, están ahí los libros de Eckhart Tolle, especialmente su éxito de ventas “El poder del ahora”, mostrando que toda forma de recuerdo y toda proyección hacia un futuro mejor nos arrebata el mayor de los tesoros, el ahora, el presente y nuestra presencia consciente en él.

Con todo esto, y lo mucho que omito pero en una misma línea, no puedo sino tener muy serias dudas sobre la validez de los Ideales. ¿Estuve equivocado todo este tiempo? No lo creo, simplemente me dejé llevar por mis necesidades, y los ideales tienen un poder de cristalización muy fuerte, ayudan a mucha gente a canalizar sus inquietudes (entre la que me incluyo), a sobrellevar una vida aparentemente sin sentido. Son como flotadores de certezas en un mundo lleno de incertidumbres. Por eso respeto los ideales, y a aquellos idealistas que sinceramente los siguen, aunque para mí, a estas alturas de mi vida, me parezca un error permanecer en ellos por mucho tiempo, pues se corre el peligro de creer que ya hemos llegado allí a donde tengamos que llegar, de confundir un flotador con “la verdad”, de ver el mundo a través de un esquema preconcebido.

Sírvanse de ellos quienes sientan necesitarlos, pues para mí son infinitamente más reales y enriquecedores que una vida vacía, pero también un obstáculo para quienes empezamos a gustar de la reflexión, y lo maravilloso que es descubrir, por uno mismo, los pequeños secretos de la vida.

www.blascubells.com

Nuestro centro

Tengo la idea de que todos nosotros tenemos “nuestro centro”, un lugar desde el cual somos el mejor que podemos ser en ese momento, un eje que sin embargo puede ser fácilmente alterado si nos dejamos desplazar de él por las miles de vicisitudes de nuestra vida, ya sea por demasiada lectura o trabajo, desavenencias con familiares o amigos, un asunto en el que te hayas implicado en exceso, un gasto imprevisto que nos trastoca la economía, en fin, ¡puede ser por tantas cosas!

Digo todo esto porque yo mismo me vi, durante unos días, desplazado de mi centro, y tardé un tiempo en recuperarlo del todo. Me di cuenta porque, entre otras cosas, a la hora de escribir sólo se me ocurrían ideas relacionadas con aquello que me había tenido algo desubicado (tampoco hay que exagerar) y por que me pasaron algunas cosas que son como indicios de que algo en mi estaba desajustado, quizás os cueste creerlo pero esto es algo que llevo tiempo observando.

Si habéis visto la película “Grupo Salvaje” recordaréis que, al principio, mientras pasan los titulares, aparecen en pantalla unos niños que, dentro de un círculo de fuego (si no recuerdo mal), enfrentan a un escorpión con una tarántula, con lo cual te muestran una mini escena de violencia. Esos fotogramas están sabiamente rodados (más allá de que la película tiene escenas muy fuertes), pues le da al espectador una muestra de lo que minutos más tarde sucederá en el pueblo, y no sigo para no chafar la trama a quien no la haya visto y tenga intención de hacerlo.

En mi caso, hace ya algún tiempo, caí enfermo por algo que me sentó mal, y yo no suelo ponerme malo (mala hierba nunca muere), y en esos días casi se me lleva un coche por delante cuando conducía la moto, y soy bastante prudente os lo aseguro. Todo eso hizo darme cuenta de que había perdido mi centro, el eje desde el que las cosas me suelen salir bien y todo fluye. Afortunadamente, hoy todo vuelve a estar en su sitio, o más o menos.

Os deseo a todos un buen y centrado fin de semana.

www.blascubells.com

Las tres expresiones del Ser

Hay enseñanzas que se nos cuelan por la retina de la comprensión de una manera pasmosa, sin paliativos, sin necesidad de andar reflexionando por uno mismo para llegar a ellas, y es que ya lo decía Platón (en El Fedón), ante los misterios de la vida, en la búsqueda de las verdades que nos sea posible arañar y con las cuales orientarnos en el laberinto de la existencia, hay cuatro actitudes o cosas que podemos hacer:

1- Embarcarse en una explicación o teoría filosófica tan bien construida que sea de difícil refutación.

2- Investigar, reflexionar y descubrir las verdades por nosotros mismos si es que somos capaces de tal cosa.

3- Tener una revelación divina, una visión de la realidad, una experiencia mística capaz de llenarnos de certezas.

4- Aprender de otro al que otorgamos nuestra confianza y suponemos que va bien encaminado.

Creo que lo ideal es un poco de todo, al menos me reconozco en las cuatro actitudes y con ellas he jugado de manera alternativa. Pero en esta ocasión voy dejarme llevar por la cuarta, pues la enseñanza de la que hablaba más arriba viene de la mano de Eckhart Tolle, ante quien me quito el sombrero, y de su libro “Una nueva Tierra”, de lectura imprescindible para los que gusten de este maestro contemporáneo.

Las tres formas en que la conciencia fluye hacia lo que hacemos:

1- LA ACEPTACIÓN: Cuando estamos ante algo que no nos gusta hacer, o una situación insoportable, pero no hay manera de evitarlo, la mejor actitud es la de aceptar que las cosas son como son, y hacer lo que tengamos que hacer sin lucha, no disfrutaremos con ello pero nuestra acción estará llena de paz y con ella el ser más despierto y consciente.

2- EL GOZO: Cuando hacemos cosas acordes a nuestra forma de ser y aptitudes disfrutamos con ello, esto es algo que hasta algunos psicólogos recomiendan como fórmula de la felicidad, no esperemos a que algo importante suceda en nuestra vida para gozar, no esperemos para empezar a vivir ni pidamos permiso a nadie, tampoco esperemos que alguien, algo o una actividad concreta nos vaya a dar la felicidad: “La alegría no emana de lo que hacemos, sino que fluye hacia lo que hacemos y se manifiesta en el mundo desde las profundidades de nuestro ser”. En el fondo la alegría del Ser consiste en la alegría de estar presente y consciente en el ahora.

3- EL ENTUSIASMO: Si al gozo le sumamos el descubrimiento de un propósito interno conectado con una meta externa en la vida… ¡voila! Entonces surge el entusiasmo: “En el punto culminante de la actividad creadora impulsada por el entusiasmo hay una cantidad enorme de energía e intensidad. La sensación es la de una flecha en trayectoria directa hacia el blanco, y que disfruta su viaje”.

Y creo que para un post ya es suficiente, quien quiera más ya sabe, Eckhart Tolle, “Una nueva Tierra”.

www.blascubells.com

Licencia para mentir

Hace poco hablaba con un amigo sobre la universidad, los títulos, la formación que se recibe y cosas así, cuando de pronto me dice que su conclusión, tras él haber acabado la carrera de Sociología, es que un título universitario lo que hace es darte “licencia para mentir”… De entrada rechacé tal ocurrencia, pero como mucho acerté a responder que espero que no, al menos en la carrera de Educación Social que estoy haciendo no, pues se trata de resolver problemas sociales, y mentir (o equivocarse) supone no resolverlos ni ayudar a ello.

Al poco tiempo de esa conversación vi un documental, sobre la educación infantil, donde unos padres estaban desesperados por su hijo, al cual expulsaban de todos los colegios por su agresividad, y por más que lo llevaban a psicólogos y psiquiatras ninguno acertaba a resolver ese comportamiento, ni se ponían de acuerdo en el diagnóstico, limitándose a recetar pastillas para “civilizar” al niño. Me reservo la opinión sobre el caso, pues de momento no tengo “licencia para mentir”.

Por otra parte, leyendo “La rueda de la vida” de Elisabeth Kübler-Ross, me entero de que cuando ella empezó a trabajar en un hospital psiquiátrico se encontró con enfermos desahuciados, en pésimas condiciones y medicados hasta las cejas, al cabo de un año gran parte de los enfermos recibieron el alta y empezaron una nueva vida en libertad. Ante semejante éxito los colegas de la doctora se apresuraron a preguntarle qué método había seguido, a lo que ella respondió que ninguno, el sentido común, tratarlos como a seres humanos, escuchar lo que tienen que decir, hablarles con paciencia y amor, y por supuesto, darles muchas menos pastillas.

He aquí alguien que teniendo esa licencia para mentir, prefirió ser sincera.

www.blascubells.com